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Burguesía vista por el patrón Nicanor Restrepo

por Jimy Ríos: Nicanor Restrepo Santamaría escribió el libro “Empresariado antioqueño y sociedad 1940-2004 Influencia de las élites patronales de Antioquia en las políticas socioeconómicas colombianas.” (Editorial Universidad de Antioquia, 2011). Desde el título hasta las conclusiones del estudio, el autor nos recuerda una vez más aquella tesis del Manifiesto Comunista según la cual, “El Estado no es más que la junta que administra los negocios de la burguesía”. El libro es el resultado de una juiciosa pesquisa de información. Pero lo más importante, es que allí encontramos los rasgos más distintivos del empresariado paisa.
   Nicanor Restrepo Santamaría escribió el libro “Empresariado antioqueño y sociedad, 1940 – 2004. Influencia de las élites patronales de Antioquia en las políticas socioeconómicas colombianas.” (Editorial Universidad de Antioquia, 2011). Desde el título hasta las conclusiones del estudio, el autor nos recuerda una vez más aquella tesis del Manifiesto Comunista según la cual, “El Estado no es más que la junta que administra los negocios de la burguesía”. El libro es el resultado de una juiciosa pesquisa de información. Pero lo más importante, es que allí encontramos los rasgos más distintivos del empresariado paisa.
   Godos anticomunistas. En términos políticos e ideológicos, uno de los rasgos característicos que perviven a la fecha, es el conservadurismo anticomunista bien untado de fascismo. Así lo ratifica el hecho de haber sido protagonistas de primer orden en la repartición bipartidista que excluyó cualquier posibilidad democrática para el ascenso al poder de alternativas revolucionarias. Según el mismo Restrepo las élites patronales de Antioquia fueron “actores centrales en la formulación del Frente Nacional.” (p. 18).
   En ese camino contra el comunismo en la mitad del siglo XX, se aliaron con la iglesia católica que bendecía el asesinato de liberales desde los atriles utilizados como trincheras. Con esa alianza aprovecharon la influencia religiosa para combatir la “ideología comunista que los empresarios rechazaron frontalmente”. Así lo describe el autor, al escribir que “Dentro de una cultura empresarial influida por la tradición católica, las grandes empresas tuvieron capellanes de tiempo completo o parcial (asignados por la iglesia católica), que formaban parte integral de la organización y a quienes se confió en los momentos de mayor activismo sindical del Partido Comunista, especialmente entre 1945 y 1950, la tarea de actuar en la promoción de los sindicatos patronalitas impulsados por los directivos de las empresas.” (p. 100 y 101).
   Éste trabajo ideológico, acompañado de asesinatos, represión y despidos de trabajadores que no son mencionados por el doctor Nicanor, logró un control social eficaz que se evidenció en la coyuntura marcada por la muerte de Jorge Eliecer Gaitán. En palabras de Restrepo, “En Medellín y el resto de Antioquia los incidentes fueron muy reducidos debido a la mayoría conservadora de la región y al prestigio de las élites patronales y eclesiásticas que ejercían un fuerte control sobre la mano de obra.” (p. 93. La cursiva es nuestra).
   Fuerte control que todos sabemos no se consigue solo con la cruz en la mano.  Como dije, por la violencia que se obvia en el texto y no precisamente por ignorancia. No solo el asesinato de liberales sino de trabajadores, causados en buena parte, como sostiene Luis Tejada, por la “educación conservadora”. Basta recordar que en 1953 fue asesinado en Bogotá el exconcejal comunista de Medellín Manuel Marulanda Vélez. Brutalmente golpeado por miembros de un aparato de seguridad del gobierno conservador de LAUREANO GÓMEZ
   Aliados del narcoparamiliar Álvaro Uribe Vélez. En esa línea de continuidad anticomunista y fascista no podían estar ajenos al patrocinio de éste criminal. Tan vergonzoso es éste suceso que en el libro se omite el nombre Álvaro Uribe para referirse a la financiación de campañas presidenciales por parte de narcotraficantes; así mismo, en el caso de la parapolítica solo menciona en términos generales a “varios senadores y representantes”, sin aludir al capo de capos. (p. 55). No pueden decir que no conocían de sus andanzas, pues siendo gobernador de Antioquia instaló las cooperativas Convivir como fachada del paramilitarismo y pese a esto lo apoyaron a la presidencia. Incluso, algunos de esos empresarios fueron parte de la banda que se tomó la Casa de Nariño.  
Resulta evidente pues, que fueron financiadores y beneficiarios de sus vejámenes y políticas. Según  Restrepo, “(…) las élites patronales en general, y los empresarios antioqueños en particular, fueron muy activos colaboradores y patrocinadores  de la campaña que llevó a Álvaro Uribe Vélez al gobierno, y fueron defensores de las ejecutorias que le devolvieron seguridad y oportunidades de crecimiento y rentabilidad a sus empresas. Algunos de los miembros de las élites patronales antioqueñas ocuparon posiciones destacadas en ministerios y embajadas durante el gobierno Uribe Vélez.” (p. 253). La alianza con Uribe no es nueva. Ya lo habían encargado de presentar la reforma laboral de enfoque neoliberal cuando era senador en los noventa. (p. 241).
   Amor y odio con el narcotráfico. Aunque la presencia “perturbadora” del narcotráfico lo agrupa bajo el subtítulo “Las turbulencias de la economía de la droga”, termina aceptando lo inocultable, a saber, los beneficios que trajo para enriquecer las cuentas de los patrones de cuenta del patrón Escobar. A Nicanor Restrepo le “Parece paradójico que el periodo de mayor expansión de las empresas de Antioquia coincida cronológicamente con el del narcoterrorismo.” (p. 222).
   Así pues, “no puede ocultarse que la economía de la droga trajo algunos beneficios económicos indirectos a la economía general y produjo un crecimiento adicional con mayor efecto sobre las actividades inmobiliarias, agrícolas y ganaderas, donde aumentaron considerablemente el número de operaciones y los precios de los activos, vimos también que algunos hombres de negocios se lucraron en ese proceso. Sin embargo, podemos establecer que las élites patronales de Antioquia se opusieron a las actividades del narcotráfico y los intentos de penetración en el tejido empresarial, mediante políticas explícitas en materia de transacciones”. (p. 271).
   No deja de crear algo de suspicacia que tratándose de un trabajo generoso y juicioso en datos, estadísticas e indicadores económicos, en éste tema del narcotráfico y la relación con las élites patronales, deje una observación tan amplia como “algunos beneficios”. En su favor está que en efecto, la participación del narcotráfico en la economía colombiana es casi imposible de calcular. Sin embargo hay datos oficiales disponibles. En tal sentido, de paso le aportamos el último: “La presidenta de Asobancaria informó que el lavado de dinero en Colombia se estima en 20 billones de pesos (11.100 millones de dólares), lo que supondría más del 3% del PIB. (Agencia EFE, julio 28 de 2012). 
   Esta es una cifra cercana a la inversión extranjera directa en Colombia durante 2011. Un poco menos del presupuesto del Ministerio de Defensa. Así las cosas Doctor Nicanor: ¿algunos beneficios?  
   Tacaños a morir. Restrepo Santamaría realiza un gran esfuerzo por mostrarnos la bondad de su clase. Consecuente con su catolicismo debería estar buscando que los canonizaran a todos con la Madre Laura. Desconociendo que Antioquia y Medellín son las entidades territoriales con mayor desigualdad en el país más desigual de Nuestra América, el autor habla del “compromiso social”, “asistencialismo” y de la “responsabilidad social empresarial”.
   La campaña para que sus pares burgueses ganen el cielo, dice que “Durante su historia, las empresas antioqueñas han mostrado una preocupación por los trabajadores y sus familias, que se ha ampliado hacia otros campos sociales más generales, como educación, formación, nutrición, recreación y cultura. (…) Estas preocupaciones sociales de los empresarios antioqueños se mantuvieron cuando ocuparon cargos en la administración pública, tanto local como nacional, y se convirtieron en elementos constitutivos de legitimidad de las élites patronales regionales que se expresó en el grado de control que ejercieron sobre la población obrera y en su influencia en las políticas públicas.” (p. 125).  Si con esto tenemos las mayores cifras de desigualdad, entonces que sería de no tener tan bondadosos personajes.
   ¿Qué diría María Cano? La generosidad y la preocupación por los pobres, contrasta con la versión de Restrepo sobre la participación de esta élite en la última Constituyente. Él escribe que “las élites patronales antioqueñas estuvieron ausentes del proceso de la Constitución de 1991, y sus pronunciamientos frente a las reformas, hechos a través de las asociaciones empresariales, se limitaron a denunciar los nuevos costos de funcionamiento del Estado y a preservar la propiedad y los derechos económicos (…).” (p. 263). Obsérvese  el tono de “denuncia” del gasto social. Un elemento más de su anticomunismo y como muestra de la agenda con la cual llegan a las conversaciones de paz con la insurgencia, tema que también es tratado en el libro.    
   Mentirita piadosa. A propósito de la Constitución de 1991, el doctor Nicanor, 20 años después, nos quiere hacer creer que el neoliberal Cesar Gaviria convocó la Constituyente haciendo caso a la iniciativa de unos estudiantes y en favor de la paz, y nada tenía que ver con la receta del Consenso de Washington. Retomando sus propias palabras, “En el clima de perplejidad que vivía el país, surgió un movimiento de jóvenes abogados y estudiantes que tomaron la bandera de buscar la convocatoria de una Asamblea Constituyente capaz de introducir las reformas que la sociedad requería”. (p. 235).
   Más adelante, aunque no necesariamente es una contradicción, sino parte de los mitos democráticos con los cuales la oligarquía pretende generar la idea de que ha cedido a favor de la paz, Restrepo habla de la Asamblea Constituyente. A respecto sostiene que esta fue convocada, “como parte de la salida política al conflicto armado, donde se asignaron escaños a las guerrillas bajo la exigencia de su desmovilización.” (p. 257). No menciona el doctor Nicanor que al mismo tiempo se bombardeaban Casa Verde, como cuota inicial de lo que sería la ejecución a sangre y fuego de todo el paquete neoliberal.
   Él mismo habla de las consecuencias desastrosas de la apertura económica alertadas desde entonces por la guerrilla, de la misma manera en que lo ha hecho con las consecuencias que se esperan con los TLCs firmados recientemente. “(…) el efecto de la política de internacionalización de la economía golpeó más fuertemente a las pyme dedicadas a la industria, las cuales tuvieron que cerrar en el periodo 1992 – 2001 cerca de 1.100 plantas de productos manufacturados, por lo que este sector fue, sin duda, una de las actividades más afectadas con la implantación de las reformas de los noventa.” (p. 154).   
   En este mismo contexto del neoliberalismo, en el libro se utilizan eufemismos sobre la privatización. Para nombrarla, se acude a “democratización de su propiedad” para el caso de ISA. “Eliminación de monopolios” en la página 241. Pero como la realidad es categórica, ya a la altura de la 242 se tuvo que llamar las cosas por su nombre: privatización. Para eso fue la constituyente doctor Nicanor.    
   Una gran mentira. No es extraño que un personaje como estos siga en ese lugar común que trata de asociar al Ejército del Pueblo con el narcotráfico. Lo que no deja de llamar la atención es que señale a la oposición al Frente Nacional por “falta de propuestas concretas” en las conversaciones en el Caguan, y que por ello, entre otras situaciones, se haya terminado el proceso. Llama la atención porque Restrepo estuvo en la comisión de notables nombrada por Pastrana y ha sido actor en diferentes momentos como él mismo lo informa en su estudio.
   Desde el nacimiento de la violencia en Colombia, la oposición ha presentado innumerables propuestas para la Nueva Colombia. Y si es por la coyuntura durante la administración de Pastrana, no solo encontramos la Plataforma Bolivariana por la Mueva Colombia, sino que en las diferentes ponencias, las comisiones temáticas presentaron propuestas concretas que son las que pide Restrepo.
   Enuncio algunas que han sido retomadas como consignas por diferentes gobiernos, pero que las han vulgarizado y presentado sin contenido alguno: subsidio del desempleo, legalización y tratamiento del consumo de narcóticos como problema de salud pública, sistema unicameral, 10% del presupuesto para la ciencia y tecnología. Por supuesto no llevadas a feliz término porque no existe el verdadero compromiso con los problemas centrales del país.
   Influencia en las políticas. De los datos interesantes que se presentan en el libro, vale la pena resaltar estos para que concluyamos como lo hizo el Manifiesto. En el periodo de estudio 1940 – 2004, el 60% de los gobernadores de Antioquia fueron pertenecientes a las élites patronales. Dato superior a la experiencia en otras regiones: Caribe: 45%. Bogotá: 35%. Valle: 39%. En el caso de las alcaldías, en Medellín representan el 63%; Barranquilla 49%; Cali 59% y Bogotá 32%. Ministros en el mismo periodo 10% fueron de las elites patronales de Antioquia, 7% del Caribe, 6% de Bogotá y 5% del Valle.
   Con estos datos no solo se constata su influencia, también su responsabilidad en el desastre y la tragedia colombiana. Vista desde la perspectiva popular, porque desde la perspectiva de la burguesía, es evidente que han salido ganando en sus intereses. Los datos abundan y en el texto se pueden encontrar algunos.
   Para terminar, basta decir que el estudio no se salva del uso de recursos propios de la historia contada por la clase dominante, con la cual se pretende legitimar sus riquezas, al Estado y la desigualdad. Utiliza verdades contadas a medias, uno que otro regionalismo, posicionamiento de una imagen pura, pujante y generosa de los ricos, ocultamiento intencionado de sucesos, mentiras sobre las luchas populares. Nada dice de la historia sangrienta del capitalismo en Antioquia y Colombia.
   Menciona las consecuencias ambientales y sociales de la construcción de hidroeléctricas pero no de la construcción a sangre y fuego como sucede actualmente con Hidro Ituango, con represión y el desplazamiento forzado de población. Así como no aborda con decisión los beneficios del narcotráfico nada dice de los beneficios y los beneficiados con la usurpación de tierras. 

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