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En Medellín matan menos pero delinquen más

   El 2015 inició con la celebración por parte de la administración de la Alcaldía de Medellín de la reducción de un 29 por ciento en homicidios en el año 2014 respecto al 2013. Cifra histórica para Medellín, según ellos, ya que desde hace muchos años no se lograba una cifra similar.
   Si el asunto que los pone tan contentos es de historia, me gustaría aterrizar un poco esta “maravillosa” cifra y recordar algunas cosas que suceden en materia criminal en el Valle de Aburrá.
   Recuerdo muy bien que esta noticia ya la había escuchado tiempo atrás, precisamente en los años en los que ‘Don Berna’ dominaba la capital paisa a sus anchas. En ese tiempo, los  homicidios también bajaron considerablemente y no fue por la altísima presencia institucional en los barrios y en las comunas, por el contrario, fue a causa de su ausencia y  por el control total que poseía en aquel entonces alias ‘Don Berna’.
   A menudo vemos cómo los fuertes enfrentamientos entre combos delincuenciales logran un cese al fuego a través de pactos firmados simbólicamente con partidos de fútbol y sancochadas. A pesar de que la Administración Municipal intenta negar estos pactos, estos han sido una realidad y, en lo personal, he sido testigo de ellos.
   En el año 2013, a mediados del mes de julio, entraba a mi barrio, Belén Rincón, y me llamó mucho la atención la cantidad de gente viendo jugar un partido de fútbol. Me topé con varios amigos y les pregunté sobre el porqué de este hecho, a lo que ellos me respondieron: “mire bien quienes están jugando”. Al hacer esto, pude ver a los dos combos que se peleaban el control territorial de mi barrio entre los jugadores y espectadores del partido de fútbol. Mis amigos me contaron lo que estaba sucediendo: la firma simbólica del pacto a través del cotejo de fútbol.
   Al día siguiente volví a pasar por la cancha de Belén Rincón. La fiesta continuó hasta el otro día. Sancochos, trago y criminales era lo que se podía observar en todo el sector, sumado a un adorno algo singular: policías estacionados en cada entrada de la cancha en una especia de vigilancia o de custodia del acto de tregua entre estos. Todo esto, difícil de digerir para un politólogo recién graduado, joven y terco como yo.
   Es así que, a pesar de que la Administración Municipal muestre la disminución de los homicidios en su balance de seguridad para el 2014 como un hecho histórico, existen hechos como los pactos entre combos que ayudan a disminuir este indicador que, más allá de los pactos, se mueve con la evolución del modus operandi la criminalidad producto del legado del cartel de Medellín.
   Entre las muchísimas enseñanzas que Pablo Escobar les dejó a sus sucesores podemos resaltar dos que se acomodan muy bien a la Medellín de hoy. La primera es que al Estado no se le derrota y la segunda es que es mejor aliarse con los políticos que intentar competir con ellos.
   Con la primera enseñanza las redes criminales han cambiado su modus operandi. Ya no hacen tanto ruido y tanto derroche de recursos; prefieren el silencio en su accionar, por lo cual el homicidio no es el primer recurso sino el último. Han cambiado los uniformes por ropa de civil, las armas largas por armas cortas, cambiaron sus estructuras de mando a redes delincuenciales con altos grados de autonomía, ya no intervienen directamente sino que “subcontratan” la delincuencia urbana, materia prima en abundancia entre esquina y esquina.
   De la segunda enseñanza, estas redes criminales continúan fortaleciendo sus vínculos con señores de saco y corbata: estructuras políticas, fuerza pública y tecnócratas encargados de lavar el dinero.
   Microtráfico, extorsión, robo, secuestro, desaparición, desplazamiento, son el repertorio de estos criminales a niveles de muy altos de cualificación que, en suma, han consolidado su economía ilegal y los hace funcionar como un holding empresarial.
   Así pues, entre la celebración de la administración municipal por la reducción en el número de homicidios, la justificación de otros por las pocas facultades de los alcaldes en materia de orden público y el sofisma del saliente presidente del Concejo de Medellín, Jaime Roberto Cuartas, que pretende ocultar la cruda realidad criminal como simples baches, la gran mayoría de los ciudadanos de Medellín seguimos a la espera de una respuesta fuerte y contundente de la institucionalidad en materia de seguridad.
   Por muy bonita que se vea la cifra creo que no puede pasar a la historia como un hito de la administración de Aníbal Gaviria, pues si de historia queremos seguir hablando, ésta deberá reservar un buen espacio para las 40 familias de la vereda La Loma del corregimiento de San Cristóbal que fueron desplazadas por los combos que controlan el sector. Más aún, deberá pasar a la historia la respuesta institucional del Ejército y de los funcionarios de la Alcaldía de Medellín que, en vez de tomar el control del territorio, terminaron cargando las pertenencias de las familias desplazadas.
   Nuestro Valle de Aburrá sigue siendo controlado por las redes criminales que aquí operan y su dinámica a veces juega a favor de los indicadores que la Administración exalta con orgullo. Sucedió antes con ‘Don Berna’ y sucede ahora con los pactos entre combos y la modernización del accionar ilegal. Mientras sólo se siga atacando a los bandidos que empuñan armas, sólo seguiremos escuchando capturas o bajas como las de Don Berna, Danielito, Rogelio, Douglas, Yiyo, Beto, Valenciano, Sebastián, etc. Sólo cuando empiecen a capturar a los políticos, a los miembros de la fuerza pública y lavadores de dinero que hacen parte de estas redes criminales, empezaremos a ver el cambio. No antes.

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